Allá, perdida entre las cuchillas de los valles itálicos de la provincia de Umbría, que con sus suaves y elegantes sinuosidades conceden mayor relieve al histórico y famoso monte Subasto, hállase la ciudad de Asís, qué digo, el pueblo grande de Asís, que posa majestuosamente en la hondonada de un risueño valle, en donde el capricho humano parece haber querido circundar el pueblo, desparramando algunas vetustas casitas por sobre los relieves y por las suaves pendientes que se desprenden de las colinas cercanas.