La entrevista de Guayaquil no guarda hoy ningún misterio para los argentinos, de acuerdo con la extensión y profundidad que han alcanzado los estudios históricos sobre este importante tema de trascendencia americana. Los asuntos políticos debatidos por los dos libertadores en la emergencia surgen claros y precisos, como asimismo la actitud asumida por San Martín, denuncia la integridad incorruptible de su carácter y la magnífica lección del ideal cristiano. Estuvo en sus medios resistirse y cedió; pudo encender la hoguera de las pasiones, avivar las discordias, atizar la guerra civil y prefirió por voluntad espontánea abdicar, y sumirse en el silencio. Selló su destino en aquella auténtica y serena verdad brotada de su pluma y contenida en la carta del 29 de agosto de 1822 dirigida a Simón Bolívar. Supo esperar; confió en el tiempo que es siempre aliado de la justicia, y la justicia escondida en hontanares remotos llegó en la actitud de aquel francés —conocedor de tierras y de hombres— que se llamó Gabriel Lafond de Lurcy. Después Mitre, que ya era su posteridad escribió su historia; la historia más gloriosa de la patria.