La Revolución Industrial conmovió la estructura del mundo occidental provocando profundas alteraciones. El extraordinario desarrollo técnico, los nuevos métodos de explotación industrial y la ampliación de posibilidades para la acción del capitalismo fueron factores determinantes de la configuración del siglo xix. Derivaciones directas resultaron el apresurado proceso de urbanización, el elevado crecimiento de la población europea —siete veces en relación a tres en el resto del mundo— y la expansión imperialista. En lo mediato se abrió márgen al proceso de masificación y la estructuración de las clases bajas.