Las reformas estructurales de la década pasada cambiaron la
relación capital-trabajo, desprotegiendo a los trabajadores,
favoreciendo la flexibilidad de contrato y aumentando las ganancias.
Si bien con posterioridad a la caída de la convertibilidad se han
revisado algunas normas, las ganancias de productividad siguen
creciendo y son hoy más altas que en los noventa.