El barroco americano se gesta en el siglo XVII, florece en la centuria siguiente, resultando evidente un retraso cronológico respecto de las manifestaciones en Europa. Para los latinoamericanos “el barroco significa un punto central de la formación de su identidad cultural” y la clave no es justamente la vinculación idiomática, sino la presencia múltiple, simultánea y sobre todo espontánea de diversas culturas en una determinada circunstancia histórica.