"Enredadera" es un relato que refleja cómo los vínculos familiares y emocionales pueden enredarse como plantas invasoras, uniéndose a las paredes de la vida hasta fusionarse con ellas, pero también desgastándolas. La narradora describe su hogar como un lugar atado por lazos que, aunque parecen inofensivos, se vuelven intrusivos y persistentes. A través de la metáfora, la narradora explora la dificultad de desprenderse de esas conexiones, que, al arrancarse, dejan cicatrices profundas en la estructura misma de su ser. La historia concluye con una nota de resiliencia y esperanza: la decisión de reconstruirse, sin la presencia de esas ataduras, representando un deseo de libertad y nuevos comienzos.