Al referirnos al período dictatorial iniciado en el año 1976, uno de los aspectos que ha marcado mayoritariamente ese momento de la historia han sido los crímenes perpetrados por las fuerzas represivas que afectaron los derechos fundamentales de miles de personas y dejaron marcas perdurables en la memoria social (Águila & Alonso, 2013). A los fines del presente escrito, sin dejar de lado los determinantes sociales, políticos, económicos, regionales, se hará particular hincapié en la figura de lxs desaparecidxs y los centros clandestinos de detención, así como en la lucha de los organismos de derechos humanos y los recorridos judiciales vinculados al esclarecimiento, enjuiciamiento y castigo de los responsables de esos delitos aberrantes, en tanto marcas sobresalientes de las luchas del entramado social.
En las últimas cuatro décadas, tanto los organismos de derechos humanos como la justicia han avanzado en la identificación de las víctimas y los circuitos represivos así como en la investigación y penalización de los crímenes perpetrados. Estos avances y luchas inclaudicables durante décadas permitieron no sólo garantizar el juzgamiento y el castigo para lxs responsables de los crímenes de lesa humanidad, sino también mantener un ejercicio activo de memoria colectiva, cuyos principales actores han sido lxs sobrevivientes y familiares con sus testimonios sobre lo padecido.
No obstante, la desaparición de personas se sigue prolongando en el tiempo, dejando sus marcas en lxs familiares y allegadxs, quienes aún continúan sin puntos de certeza que testifiquen la muerte del familiar. La nominación “desaparecidos/as" ha marcado históricamente los impensables, los cuales requieren de una operación práctica de significación, por lo cual, es necesario el lenguaje para efectuar las nominaciones pertinentes y transformar la situación. Es así que la acción política colectiva de las Madres de Plaza de Mayo pedía algo imposible: la aparición con vida. Y así hacían existir de otra manera a lxs desaparecidxs. De este modo, esta acción-consigna generó un sujeto político, permitiendo que aquello que no podía ser era y podía ser pensado y enunciado.
Correlacionando entonces, por un lado, la declaración testimonial y la lucha permanente por el juzgamiento y castigo de lxs responsables y, por otro, la perpetuidad de la categoría de “desaparecidx”, cabe preguntarse ¿Qué características asume el trabajo de duelo? ¿Es posible culminar el trabajo de duelo cuando no tiene lugar esa afrenta real frente a la pérdida del objeto amado?
De este modo, en el presente trabajo nos interrogamos por el particular trabajo de duelo que permite a lxs sujetxs poder tramitar y elaborar psíquicamente lo sufrido. Asimismo, resulta pertinente también interrogar y analizar las prácticas y dispositivos puestos en marcha para el acompañamiento y asistencia a sobrevivientes, querellantes y familiares en el marco de los Juicios por crímenes de Lesa Humanidad, considerado simbólicamente desde una perspectiva reparatoria.
La reflexión sobre las prácticas permite conjeturar acerca de la producción de efectos inesperados como también de cierta inoperancia o agotamiento de los discursos y dispositivos utilizados. Resulta entonces necesario pensar en los determinantes socio histórico políticos de nuestros días, incluyendo el impacto subjetivo reparatorio de los Juicios por crímenes de Lesa Humanidad, para reflexionar sobre ese proceso de duelo que parecería continuar operando o suspendido, en quienes no han podido encontrar los restos de sus familiares detenidxs-desaparecidxs.