El 28 de septiembre de 2004 Rafael ingresó a la escuela, siguió el ritual de izamiento de la bandera, entró al aula y disparó. Conjeturamos que sería bueno ingresar al problema cumpliendo dos prescripciones: no hablar de Rafael y no hablar de la así conjugada “violencia escolar”. Hablar, entonces, de una distancia percibida luego de la organización de un escenario constituido por los dichos de la prensa gráfica de aquellos días y los dichos de los actores directamente involucrados en el acontecimiento.