Conocido en la comunidad antropológica parisina como “el hombre que nunca está allí donde tuvo su último domicilio”, ten Kate encarnó en la misma persona al viajero-observador y al estudioso-intérprete, quienes hasta ese entonces tenían asignados papeles específicos y trabajaban en espacios diferentes. Su biografía y su obra, marcadas por los viajes, el dominio de las distintas tradiciones de investigación, el conocimiento de primera mano de los grupos indígenas y el uso intensivo de las colecciones depositadas en distintos países, permiten restituir el carácter marcadamente internacional que tuvo la disciplina antropológica, en un contexto donde la historia de su capítulo local es concebida habitualmente dentro de los estrechos marcos de la formación del Estado nacional.