La seguridad hemisférica hoy es multidimensional. Fenómenos como la transnacionalidad, el terrorismo, la tecnología, Internet no solo han eventualmente signado la agenda internacional de estos tiempos, sino que resumen en materia de ciberseguridad una característica sustancial de la sociedad internacional, y por tanto un foco de análisis trascendente para las Relaciones Internacionales.
Con el inicio de la Guerra Fría se comenzó en Latinoamérica la construcción del sistema interamericano, que a instancias del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la Organización de Estados Americanos (OEA) y bajo el patrocinio de Estados Unidos como potencia hegemónica occidental, fueron cimentando una noción de seguridad particular para la región. Desde el nacimiento de la Junta Interamericana de Defensa (JID) en 1942 hasta la Declaración de Bridgetown en 2002, la noción de "Seguridad Hemisférica" emanada de aquel sistema ha sufrido una notoria evolución.
A partir de la Conferencia Especial de Seguridad de México de 2003, los Estados miembros de la OEA acordaron ampliar el concepto de seguridad, adoptando un enfoque multidimensional, lo que ha permitido abrir un dilatado abanico de nuevas amenazas y riesgos. Particularmente -teniendo como antecedente fundamental los trabajos de la Convención Interamericana contra el Terrorismo de 2002-, se ha asumido al terrorismo y a los ataques a la seguridad cibernética como parte de estos nuevos flagelos. En este sentido, la OEA desde la Comisión Interamericana contra el Terrorismo (CICTE) ha generado distintas instancias a fin de cohesionar la participación de los gobiernos, del sector privado y de la sociedad civil en pos de la identificación de las necesidades nacionales de seguridad cibernética y la formulación de políticas específicas.
El mundo está conectado digitalmente. Con el propósito de resguardar la libertad y asegurar el ejercicio pleno de los derechos de los ciudadanos, el Estado depende y se apoya inevitablemente en la tecnología. Entre otros atributos soberanos, la vigilancia estatal condiciona su efectividad a los recursos tecnológicos disponibles. Es en este punto, que desde un abordaje específico de las Relaciones Internacionales y posicionando al Estado jerárquicamente como actor internacional, que se hace necesario determinar qué lugar ocupa el terrorismo en la construcción conceptual de la ciberseguridad, en el marco de la multidimensionalidad de la seguridad hemisférica del Siglo XXI.
Este artículo pretende identificar el desafío que se le presenta al Estado, sorteando los obstáculos que le anteponen actores transnacionales desde dos frentes: por un lado el ilegal, con el terrorismo y su expresión cibernética, y por otro lado desde el sector privado que actualmente domina en gran medida el acceso a Internet, y por ende se adueña de la mayor parte de la información en línea.
Asimismo, se pretende identificar a modo de ejemplo, las principales líneas de trabajo que desde el Estado uruguayo se han generado como planes de protección de la información.