La Educación Superior se encuentra hoy frente a desafíos y dificultades que tienen que ver con su financiación, la mejora y conservación de la calidad de su enseñanza, la investigación que realiza, los servicios que presta y la pertinencia de sus programas.
Lo que está en juego es la confianza de la sociedad y del estado en la Educación Superior, como uno de los medios para promover el desarrollo humano, fortalecer la identidad nacional y asegurar la autodeterminación.
La educación debe constituirse en la inversión prioritaria de los países en desarrollo. Si un país descuida su sistema de educación superior, afirma la UNESCO, no podría mantener contactos provechosos con la comunidad científica e intelectual mundial ni disponer de las capacidades y conocimientos que necesita para hacerse cargo de modo independiente de su propio desarrollo (Documento de Política para el Cambio y el Desarrollo en la Educación Superior -París, 1995-).
Debemos producir los cambios e innovaciones necesarias para ofrecer un sistema de Educación Superior integrado con mayores oportunidades, pertinencia y calidad.