Tras la finalización de la Guerra de Malvinas (1982), la efervescencia del sonido pop en el rock argentino se montó en una ola de repercusión sin antecedentes. Desde ese plano, la aparición de la mujer en la escena rockera incrementó las virtudes de la transición hacia la democracia, luego de años de terrorismo de Estado. Esto produjo una auténtica revalorización de la voz femenina en el marco de la cultura rock y le brindó una popularidad inusitada al movimiento, cada vez más representativo de la juventud. Las voces femeninas de los 80 trazaron interpelaciones en torno de un espacio igualitario y liberador que configuró un cuadro de transformación y albergó disidencias. La presencia de la mujer desató polémicas y repercusiones conservadoras dentro del propio seno del rock argentino (tradicionalmente patriarcal y falsamente solemne en algunos aspectos), no sólo por la invitación al baile, sino por la propuesta de divertirse a partir del desenfado, el rechazo al conservadurismo y la puesta en tensión de la simbología masculina.