Hace algo menos de diez años comenzó en el NOA, y originariamente en las provincias de Salta y Jujuy, una etapa de privatización del suministro eléctrico disperso, con el objetivo de concesionar el servicio. En esa ocasión se realizó un importante relevamiento y acopio de información referida a las características poblacionales, con datos del INDEC y del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional de Buenos Aires, entre otros. Esta porción de la región, de casi 1,5 millones de habitantes, es muy particular por su variada orografía (allí existen chaco, valles intermedios y zona de altura), posee mayoritariamente entre buenos y elevados valores de radiación solar y en muchos casos baja densidad de población. Allí, más del setenta y cinco por ciento de la población posee redes convencionales de energía.
Como principio de acción se buscó, al menos desde la voz oficial que el uso de sistemas fotovoltaicos ayude a las clases menos favorecidas de la comunidad a emprender el camino del desarrollo sustentable mediante aplicaciones de esta tecnología en futuros proyectos productivos. En la región se observa un número creciente de proyectos de electrificación fotovoltaica para aplicaciones varias, muchos de los cuales no cumplen con los requisitos mínimos de sostenibilidad, estando por tanto destinados al fracaso, con la consecuente frustración de los usuarios. La ruta fotovoltaica ofrece importantes oportunidades para promover el desarrollo de las comunidades. Sin embargo, los fracasos recurrentes pueden cancelar tales oportunidades. La concesión otorgada, ha permitido en cierta forma, que un conjunto importante de habitantes tengan acceso al menos a la iluminación y servicios de radio y televisión, quizás se hayan tomado los recaudos para no repetir errores. Conviene destacar finalmente, y por otra parte, que en la actualidad otras provincias del NOA, también concesionaron el suministro eléctrico disperso.