El síntoma analítico es una «ficción útil» para acceder a la verdad, una creencia necesaria, siempre que el sin-sentido del síntoma se enchufe a la corriente de sentido del inconsciente. De este modo funciona el aparato del lenguaje con palabras-llave que abren sus circuitos de significación entre la insistencia significante y la ex-sistencia del sujeto. Mientras que el síntoma social habría que escribirlo con h (sínthoma) pues no descansa en este circuito cuasi electrónico ya que «las estructuras bajan a la calle» (alusión de Lacan al mayo de 1968). El sínthoma no llama tanto a la interpretación como a un cierto funcionamiento, de modo similar al que en la masa el grito oculta al responsable del mensaje: hay «nada para nadie», en lugar del mensaje como «algo para alguien». Este velo permite la falacia del colectivo en la «identidad» de una comunidad.