El fin de la Guerra Fría, representado en la caída del muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética, trajo muchos cambios en la arena internacional. Si bien el orden de Post Guerra Fría tendría su origen en un conflicto armado de tipo tradicional –esto es, la invasión del Estado de Irak al Estado de Kuwait-, el riesgo de conflictos interestatales se redujo drásticamente a la vez que cobraron mayor protagonismo los de tipo intraestatal. “Así, la supuesta “era de paz” felizmente inaugurada por el Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar, en 1990, se vio desplazada por la preocupación política y el énfasis en los conflictos internos de algunos Estados más débiles del sistema internacional, la mayoría de los cuales tenían bajo grado de desarrollo político, jurídico y social.” (Lombardo Stay 2003) El caso somalí, que hacer sonar su alarma en 1992, puede localizarse dentro de estos conflictos internacionales contemporáneos. El escenario de ese entonces se caracterizaba por la desaparición del poder central y de las instituciones políticas y la proliferación de grupos armados que competían por el control del territorio, sumado a una grave crisis alimentaria que azotaba a la población.
Hoy en 2017, el país cumple 25 años de una incesante lucha interna aunque con nuevos tintes e, incluso, con perspectivas agravadas. Esto le ha valido al país el apelativo de Estado fallido y, por lo tanto, en este aniversario no hay motivos de celebración.
Para comprender la actualidad de este país nos propusimos hacer una breve revisión histórica para luego abordar los temas candentes de la realidad somalí del último año -2017: terrorismo, elecciones, sequía y crisis alimentaria y refugiados.