El impacto social y político de los homicidios de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki en las inmediaciones del Puente Pueyrredón por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires el 26 de junio de 2002 se inscribió como un momento de bisagra en las formas en que se concibió el lugar del Estado en torno de la protesta social. La centralidad que tuvieron en los hechos las imágenes periodísticas me lleva a analizar condiciones de producción, emergencia, circulación e impacto de las fotografías y los videos. Una de las líneas que atraviesan la relación entre el acontecimiento de Puente Pueyrredón y las transformaciones en las políticas de seguridad respecto de la protesta, tiene que ver justamente con el lugar de la imagen en este proceso. La relación entre el trabajo policial y la fotografía, así como con el video, ha incorporado cambios a partir de estos hechos: funcionarios policiales (así como los responsables políticos de las instituciones de seguridad) han tomado nota de las consecuencias jurídicas, administrativas y políticas que pueden conllevar las imágenes.
Diferentes funcionarios policiales de alto rango se han referido en conversaciones a la lección de Franchiotti en relación con el riesgo que el comisario corrió al ser “escrachado” en las fotografías. En este trabajo procuro reconstruir algunas de las condiciones del trabajo policial y del trabajo de los corresponsales gráficos a partir de las cuales fue posible la producción de estas imágenes, así como busco dar cuenta del engorroso proceso que transforma una imagen en una prueba judicial.