El posicionamiento que ocupa China en la cadena productiva global actual importa para América Latina ya que condiciona el lugar que pueden ocupar las economías de los países de la región. China al estar situada en un lugar de ventaja, de cercanía al polo de innovación tecnológica, y al tener mayor capacidad de imitación de esa innovación, ocupa una posición en la que ya América Latina no está o está lejos de ocupar, puesto que cuanto mayor es la distancia tecnológica del país líder, Estados Unidos, más difícil se hace para la región desarrollar la capacidad innovadora. Dabat (2006) describe el éxito chino afirmando que el proceso de industrialización de los países más poblados del mundo, de Asia Oriental en general y sobre todo de China e India, tuvo lugar a partir de procesos de desarrollo no basados en la propiedad intelectual, sino en la utilización intensiva de enormes masas de trabajo barato inicialmente, poco calificado, potenciada por procesos de aprendizaje tecnológico acelerados, promovidos por los Estados nacionales. En el plano estrictamente eco-nómico, los procesos de acumulación que sostuvieron este crecimiento, se apoyaron no en rentas tecnológicas, sino en ganancias extraordinarias de nuevo tipo, resultantes de la combinación de costos laborales superbajos en términos internacionales, con rápidos procesos de aprendizaje tecnológico que redujeron sistemáticamente los costos laborales unitarios en sectores cada vez más avanzados de la producción social. (Dabat, 2006, pág. 39)