En su comentario a los versos 104, 111 y 131 del tercer libro de la Eneida y 150 del cuarto libro de las Geórgicas, Servio afirma que los coribantes son δαίμονες sacerdotes de Cibeles y los curetes fueron los primeros habitantes de Creta, que también rindieron culto a la madre de los dioses. No faltando quienes identifican unos con otros, el comentarista nos relata que ambos fueron los encargados de ocultar con la música de címbalos de bronce el vagido del niño Júpiter escondido en los montes Dicteos. En el presente trabajo nos proponemos recuperar e interpretar las menciones que en el libro cuarto de las Geórgicas y en la Eneida se hacen de curetes y coribantes. Anteriormente (Calamante, 2021) hemos tratado sobre la relevancia del culto cibelino y su origen extranjero en la Eneida a partir del trabajo de Moore (1921), que retoma la definición de epopeya como narración de múltiples episodios coordinados por uno o varios temas dada por Aristóteles en Poética y propone como grandes asuntos de la Eneida el esfuerzo de los últimos troyanos y de sus reliquias por establecerse en Italia y –como tema más amplio– el Imperio Romano; motivo este último que consideramos como extensible a toda la obra de Virgilio. Nuestro objetivo ahora es explicar cómo estas menciones precisas a los primitivos sacerdotes de la Magna Mater en las dos obras de Virgilio estudiadas se relacionan con el Imperio Romano de Augusto. A su vez, siguiendo a Bailey (1935) y a Beard, North y Price (1996), comentaremos qué aspectos rituales de ese culto mítico se conservaron en el culto augusteo de la Magna Mater, motivo por el cual enmarcamos nuestro trabajo en los temas “Diálogos entre Oriente y Occidente” y “De Grecia a Roma: Proyecciones de la cultura griega en el Mediterráneo” propios de estas XI Jornadas de Estudios Clásicos y Medievales.