Con la asunción de Néstor Kirchner en 2003, se cierra la fase aguda de la crisis de representación política que tuvo su punto más álgido con el estallido popular de diciembre de 2001 (Grimson, 2019). Se da comienzo a un periodo de cierta estabilidad social, política y económica con una gran expansión institucional que se reflejó en el desarrollo de políticas públicas orientadas a la inclusión social, al pleno empleo y al ejercicio de derechos. Este impulso vital tuvo un impacto significativo en el mundo del arte. Surgieron y se potenciaron instituciones vinculadas al ámbito artístico. Se inauguraron museos, colecciones, fundaciones, residencias, archivos y escuelas de arte. Como consecuencia, numerosos artistas y sus producciones fueron incluidos en programas de colecciones estatales y privadas, fortaleciendo la escena del arte argentino (Krochmalny, 2013). El crecimiento también se tradujo en la proliferación de propuestas de espacios, colectivos y proyectos vinculados a los distintos lenguajes artísticos como los que son objeto de la tesis.
En este escenario si sitúa esta investigación que, al modo de Walter Benjamín, busca recuperar los relatos “a contrapelo de la historia” (Didi-Huberman, 2015) de aquellos que vivenciaron las experiencias de colectivos y espacios artísticos que surgen en la ciudad de La Plata durante el periodo 2006-2016. Son grupalidades de artistas y gestores culturales que aún perduran y siguen produciendo prácticas micro políticas (Guattari y Rolnik, 2013 [2005]) y generan círculos sociales experimentales, poéticos donde se articulan debates reflexivos sobre el arte y sus relaciones con la vida. Las experiencias que aborda la tesis son: Residencia Corazón, Corazones de Bully, Tormenta, Cosmiko, Mal de muchos, Siberia y Felina SúperHeroína.
En este sentido, se hará foco sobre una serie de dinámicas y dimensiones que se relacionan con esta investigación y son características comunes en todos los casos:
Son prácticas artísticas que hacen estallar los límites de la obra de arte en sí misma. Los modos de producción de estas experiencias, sus estrategias de organización, prácticas y vínculos con el público que participó de sus propuestas dan cuenta de que el objeto no es la obra sino la fusión del arte con la vida.
A partir de reconocer la politicidad de sus prácticas se reactualiza del debate entre arte y política (Giunta, 2009). La politicidad de sus acciones no consiste en el panfleto ni en la movilización, empero su forma de ser, ver y estar en el mundo producen escenas que participan de su transformación (Rolnyk, 2001). De este modo, se pone en cuestión el viejo dilema de la autonomía y heteronomía en el arte (Rancière, 2005).
En sus discursos y prácticas plantean dinámicas de aceptación y/o disidencia a las reglas del mercado del arte, del trabajo artístico y de la política institucional vinculada al arte. Son experiencias que tejieron una red amplia de discursos, recursos, sentidos y relaciones, sin embargo “los creadores aceptan, muchas veces, condiciones laborales que precarizan su actividad e invisibilizan el hecho de que lo que hacen es un trabajo más complejo que el producto final materializado (o desmaterializado) en la obra.” (Lucena 2017, p. 1)