La experiencia de la realización de un examen domiciliario en el curso de Extensión Rural surge como una herramienta propicia para abordar la evaluación de la primera mitad del curso, de carácter más conceptual que instrumental. Esta modalidad se encadena a las otras instancias evaluativas del mismo, buscando integrarla a un proceso que persigue la integración y la reflexión de los contenidos y las prácticas que se realizan a lo largo del mismo. La propuesta – así como las otras- surge de entender a la evaluación en su carácter formativo además de sumativo; más como producto de un proceso que como una instancia puntual en la que el estudiante debe volcar información y contenidos para alcanzar un mínimo necesario para acreditar aprendizajes. El resultado, no exento de nuevas preguntas, permite analizar al instrumento desde una mirada optimista debido a la respuesta de los estudiantes (en términos cuantitativos y cualitativos) y las reflexiones que desencadenó