En este trabajo partimos de los desarrollos realizados por Antonio Gramsci en torno a la hegemonía, los cuales derivan de sus indagaciones sobre la posibilidad de constituir una comunidad en torno a un núcleo lo más unificado posible de sentido común. Y es por esto que el autor italiano analiza los postulados de Nicolás Maquiavelo, quien intenta a través de sus escritos y acciones desarrollar una estrategia para aunar las divididas pasiones y representaciones de los habitantes del territorio italiano. Para llevar adelante este objetivo, Gramsci considera que Maquiavelo centraba el foco en la necesidad de la existencia de una fantasía que anude las pasiones disgregas de los sujetos en torno a un núcleo común de sentidos. Es en la persona del príncipe que Maquiavelo encontraba lo que podía representar “en forma plástica y “antropomórfica” el símbolo de la “voluntad colectiva”” (Gramsci, 2003, pág. 9). Pero esta “voluntad colectiva” no es preexistente a una operación política, sino es resultado de ella. Es justamente aquí que comienza la indagación específicamente política, y esta en su centro tiene el problema de la constitución de una unidad social, una unidad que se sobreponga a la dispersión y por sobre las diferencias y antagonismos. Parte no menor del establecimiento de esta unidad social es el establecimiento de una fantasía.