La lectura es una práctica independiente de su soporte, y el comportamiento del lector frente a los libros es distinto si lo comparamos con las revistas. Un individuo puede leer artículos vinculados con el espectáculo, la política o la economía, y lograr comprenderlos y asimilarlos de manera veloz e igualmente temporal, debido al carácter inmediatista y estacionario de sus relatos. El proceso de lectura de libros es una práctica singular debido a la continuidad de sus textos, la exigencia intelectual y disciplinaria para poder permanecer y terminar la lectura, y los factores externos desvinculados de la misma voluntad del lector.
Por otra parte, se conoce que el nivel educativo de la población es un determinante básico: a mayor escolaridad corresponde una mayor incidencia en la lectura. Asimismo, la correlación entre educación y frecuencia de lectura es directa: a mayor nivel educativo, mayor frecuencia de lectura. No obstante, nos preguntamos por la población de universitarios, y la lectura no por deber, sino por placer. En este sentido, proponemos reflexionar respecto de la relación que jóvenes de sectores medios urbanos, dentro del sistema de educación formal, mantienen con la cultura escrita durante su tiempo libre. Para ello, caracterizaremos las prácticas literarias a partir de los resultados obtenidos en el propio relevamiento.