La violencia sexual, como manifestación de la violencia de género, es un crimen en sí mismo que se incrementa en conflictos armados, siendo un medio para perpetrar crímenes de odio, genocidio, contra la humanidad o de guerra. Esto ocurre especialmente cuando se focaliza contra mujeres, personas identificadas con identidades LGTBI o cuando se utilizan como prácticas ofensivas entre dos varones.
En estos casos subyace la misoginia y la homofobia/transfobia del grupo dominante. Generalmente se piensa que la violencia sexual en conflictos armados se produce sobre los estereotipos construidos de varones y mujeres, es decir el varón violento y la mujer víctima pasiva, pero hay ejemplos históricos, como la II Guerra Mundial, donde numerosas mujeres soldado de distintos rangos eran conocidas por su violencia, incluso sexual contra otras mujeres y varones. Otro estereotipo sobre la violencia sexual en tiempos bélicos es la de personas vencedoras y vencidas.
Siguiendo el ejemplo de la II Guerra Mundial, la violencia sexual vino indistintamente por parte de los vencedores o países Aliados y de los vencidos o países del Eje.5 De esto concluimos que la violencia sexual supera los estereotipos asignados a cada sexo y los distintos grupos implicados en un conflicto armado. En esta superación de estereotipos, la violencia sexual opera indiscriminadamente sobre mujeres y varones en tanto dinámica de poder.
(Párrafo extraído del texto a modo de resumen)