Ese pasaje entre tiempos y lugares diversos, ese acceso a una realidad aparentemente olvidada mediante los “convoyes de la memoria” son la materia prima, la arcilla fundamental con la que Vicent modela su literatura. Al adentrarse en ese ámbito de placeres mediterráneos que subvierte la rigidez de la moral cristiana, el lector percibirá pronto una “poética de los sentidos”, una narrativa arraigada en las primeras sensaciones vitales, que despiertan incesante e inesperadamente de su letargo temporal a través de la memoria. En este punto resulta imposible soslayar el vínculo, tanto más evidente por la alusión explícita a la “consabida magdalena”, entre el método compositivo de Vicent y del escritor finisecular Marcel Proust, cuyas producciones literarias se imbrican y se corresponden a partir del poder evocativo de la memoria y del singular potencial de los sentidos para recobrar el tiempo perdido mediante un proceso de reactualización.