El extenso estudio de Simmel sobre el dinero publicado en el año 1900 despliega un análisis de la sociedad moderna en múltiples niveles. En el capítulo final se delinean los trazos de un estilo de vida novedoso, determinado por el desarrollo de la economía monetaria, es decir, la expansión del dinero como mediación de todas las relaciones con hombres y cosas. Paradójicamente, es la falta de carácter que caracteriza al dinero la particularidad estilística de la vida moderna, lo que se expresa, por ejemplo, en el intelectualismo que en ella se extiende. Ese predominio del entendimiento, como órgano protector de la sensibilidad hiperestimulada en las grandes ciudades, produce relaciones despersonalizadas con hombres y cosas. Simmel no fue el único de su época –aunque quizás haya sido uno de los primeros– en reconocer los elementos de la disolución de coloración de la experiencia moderna que Lukacs después retomaría en su diagnóstico sobre la cosificación asociándola también a la lectura weberiana de la racionalización occidental y al análisis marxista de la producción de mercancías. Pero la particularidad de la interpretación simmeliana de esa falta de carácter de la modernidad es que insiste con pensar los modos en los que ella afecta a los modos de configuración de la vida individual.