El concepto de trasposición didáctica puede llevar a una interpretación que considera, de manera reduccionista, que el campo de lo escolar es una suerte de molde en donde el saber sabio ha de verter sus conocimientos, que no son otra cosa que “los conocimientos en estado prístino”, ignorando supinamente las condiciones epistemológicas y socio-políticas que posibilitan y condicionan su aparición, como así también los propósitos y necesidades peculiares y específicas de cada campo. En el caso que nos compete, la Educación Física, luego del pasó por las influencias biomédicas y/o militaristas ha adoptado al fin al deporte como el saber sabio, organizando de esta manera sus prácticas fuertemente influenciado por una lógica claramente dependiente de su égida.
Si la escuela se propone generar procesos de solidaridad y cooperación por sobre las actitudes individualistas, meritocráticas e hipercompetitivas, deberá plantearse cuáles son las situaciones motrices de las que valerse y el carácter pedagógico y emancipatorio de su propuesta. Esto no implica desechar el deporte, sino dejar de considerarlo el dios ante quien hincarse y adorar ciegamente. Se trata, en cambio, de apropiarse del deporte, de resignificarlo y subvertirlo a la medida de los intereses del campo educativo.