Los “testamentos vitales” son aquellos instrumentos ético-legales que permitirían a las personas expresar anticipadamente sus propias decisiones acerca de cuándo ellos querrían o no que se les suspenda el tratamiento médico brindado en casos límites y restringidos. Si bien en su mayoría se trata de decisiones negativas, en algunos casos las decisiones anticipadas pueden referirse a consentir acciones positivas, por ejemplo la donación cadavérica de órganos para trasplantes.
Ahora bien, comenzar a preguntarse el porqué y el para qué de los testamentos vitales es comenzar a preguntarse sobre los límites éticos del tratamiento, y sobre quién debería decidir acerca de cómo y hasta cuándo tratar, en un contexto de acelerados cambios tecnológicos. Muchos de estos problemas surgen a partir de la creación de las terapias intensivas. En este sentido, es importante destacar que, mientras que en 1949 el 50% de las personas morían en los hospitales, esta cifra ha aumentado solo en 1991 al 80%, mostrando un proceso de medicalización de la vida y de la muerte. Y es en dicho contexto de aplicación de la tecnología a la medicina donde surgen nuevos casos, que exigen respuestas éticas y legales.