En “El malestar en la cultura” (1979: 57-140) Sigmund Freud rompe con la idea de que el hombre pueda ser una criatura tierna que anda por la vida solo buscando amor, y que es capaz de defenderse sólo si es atacado; en verdad se trata de alguien en el cual, dentro de sus fuerzas pulsionales, debe considerarse una importante cuota de agresividad. Esta no solamente surge en personas que manifiestan una tensión agresiva, de tal forma que uno sabe que en cualquier momento puede irrumpir un acto violento. Por el contrario, puede suceder que en una persona que parece tranquila, un acto violento emerja de forma disruptiva e inesperada.