El reciente premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil otorgado a Laura Devetach en su VI Edición pone en evidencia a través del reconocimiento a su trayectoria, su clave participación en el campo de la literatura infantil argentina y más allá de nuestras fronteras. Aunque dicho premio se suma a una legitimidad ya ganada desde hace años por esta autora, es posible leer en el carácter de dicho galardón una llamada de atención sobre la historicidad del campo, su densidad y sus tensiones entendidas en término de tendencias, modas, tradiciones y canon.
Este hecho que resulta de una decisión de orden interinstitucional y editorial, nos insta a revisar ciertas marcas que dejaron algunas de las expresiones, que merecen ser rastreadas en el contexto de dos décadas clave – las del 60 y 70- dentro de una comprimida e intensa etapa histórica del campo de la literatura y de la cultura para niños. Desde los años cincuenta se venía desarrollando una crecimiento editorial para la franja infantil; pero es en estos años que – en un contexto generalizado de expansión de la industria cultural en nuestro país - un conjunto de autores de la LIJ dan claras señales de un alejamiento de su tradición más antigua, la que subordina lo literario para niños al reinado de la enseñanza moral y sus ramificaciones didácticas.
Este trabajo pretende contribuir a pensar el dinamismo de un género que renueva permanentemente sus marcas en un doble sentido: la subordinación de lo literario a nuevos condicionantes (la vigencia de “una literatura para niños enraizada en la transmisión de contenidos morales”, Carranza, 2009); así como las huellas instauradas por textos precursores de una renovación que propusieron nuevas temáticas, se abrieron a los lenguajes emergentes de la cultura y recuperaron las tradiciones de la cultura infantil horizontalizando, desde el punto de la concepción estética, el arte para niños y para adultos.