El tan extendido impulso de archivar –según lo describió Hal Foster (2004)- en lugares como Argentina tiene la particularidad de suceder en un contexto donde fue frecuente, por negligencia de los productores o por decisiones políticas, que acervos enteros hayan sido destruidos o guardados sin posibilidad de entrar en la historia. En el caso particular de la música electroacústica y el arte sonoro, el interés exclusivo por el futuro, la falta de financiamiento, la inexistencia de un mercado y, en ocasiones, la inestabilidad institucional, restó interés en la conservación tanto de documentos administrativos, como de obras e inventos. En un contexto de hiperdifusión de las producciones culturales, donde se tiene la sensación de que es posible acceder a cualquier información sin demasiado esfuerzo, la música electroacústica parece permanecer en las sombras. Es difícil encontrar versiones en buena calidad de obras de repertorio y casi imposible conocer la producción de compositores que no tuvieron un lugar privilegiado en las instituciones o no accedieron al circuito de difusión internacional. De las obras, muchas veces sólo conocemos el título o encontramos copias en formatos obsoletos y en condiciones de deterioro avanzado. Es frecuente no tener referencias, por ejemplo, sobre fechas de inauguración y las actividades que se realizaron en las instituciones que ocuparon una posición central. El propósito de este texto es presentar los avances que estamos haciendo para revertir esta situación: el proyecto de construcción de un archivo de músicas y arte sonoro.